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馃槆San Ignacio de Loyola

  • 21 mar 2020
  • 2 min de lectura

Actualizado: 21 mar 2020

San Ignacio de Loyola


Discernimiento de esp铆ritus


Ignacio era muy aficionado a los llamados libros de caballer铆as, narraciones llenas de historias fabulosas e imaginarias. Cuando se sinti贸 restablecido, pidi贸 que le trajeran algunos de esos libros para entretenerse, pero no se hall贸 en su casa ninguno; entonces le dieron para leer un libro llamado Vida de Cristo y otro que ten铆a por t铆tulo Flos sanctorum, escritos en su lengua materna. Con la frecuente lectura de estas obras, empez贸 a sentir alg煤n inter茅s por las cosas que en ellas se trataban. A intervalos volv铆a su pensamiento a lo que hab铆a le铆do en tiempos pasados y entreten铆a su imaginaci贸n con el recuerdo de las vanidades que habitualmente reten铆an su atenci贸n durante su vida anterior. Pero entretanto iba actuando tambi茅n la misericordia divina, inspirando en su 谩nimo otros pensamientos, adem谩s de los que suscitaba en su mente lo que acababa de leer.


En efecto, al leer la vida de Jesucristo o de los santos, a veces se pon铆a a pensar y se preguntaba a s铆 mismo:


- 聽聽聽驴Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco o que santo Domingo?


Y, as铆, su mente estaba siempre activa. Estos pensamientos duraban mucho tiempo, hasta que, distra铆do por cualquier motivo, volv铆a a pensar, tambi茅n por largo tiempo, en las cosas vanas y mundanas. Esta sucesi贸n de pensamientos dur贸 bastante tiempo. Pero hab铆a una diferencia; y es que, cuando pensaba en las cosas del mundo, ello le produc铆a de momento un gran placer; pero cuando, hastiado, volv铆a a la realidad, se sent铆a triste y 谩rido de esp铆ritu; por el contrario, cuando pensaba en la posibilidad de imitar las austeridades de los santos, no s贸lo entonces experimentaba un intenso gozo, sino que adem谩s tales pensamientos lo dejaban lleno de alegr铆a.


De esta diferencia 茅l no se daba cuenta ni le daba importancia, hasta que un d铆a se le abrieron los ojos del alma y comenz贸 a admirarse de esta diferencia que experimentaba en s铆 mismo, que, mientras una clase de pensamientos lo dejaban triste, otros, en cambio, alegre. Y as铆 fue como empez贸 a reflexionar seriamente en las cosas de Dios. M谩s tarde, cuando se dedic贸 a las pr谩cticas espirituales, esta experiencia suya le ayud贸 mucho a comprender lo que sobre la discreci贸n de esp铆ritus ense帽ar铆a luego a los suyos.

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