馃槆San Antonio de Padua
- 21 mar 2020
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Actualizado: 21 mar 2020
San Antonio de Padua
Milagro de la mula
En la regi贸n de Toulouse San Antonio, en una disputa p煤blica contra un hereje prepotente que negaba la presencia real de Cristo en la Eucarist铆a, cuando casi lo hab铆a convencido y acercado a la fe cat贸lica, el hereje, no convencido dijo:
- Dej茅monos de charlas y pasemos a los hechos. Si t煤, Antonio, consigues probar con un milagro que en la Comuni贸n de los creyentes, est谩 el verdadero cuerpo de Cristo, yo abjurar茅 de toda herej铆a, y me someter茅 a la fe cat贸lica.
El siervo del Se帽or con gran fe le respondi贸:
- Conf铆o en mi salvador Jesucristo que, para tu conversi贸n y la de los dem谩s, me conceder谩 su misericordia por lo que pides.
Se levant贸 entonces el hereje e, invitando con la mano a que todos callasen, habl贸:
- Tendr茅 encerrada a mi ac茅mila durante tres d铆as y le har茅 padecer hambre. Pasados los tres d铆as, la sacar茅 en medio de la gente, y le mostrar茅 el forraje. T煤 mientras tanto te pondr谩s delante con lo que afirmas que es el cuerpo de Cristo. Si el animal hambriento, no va hacia el forraje, y corre para adorar a su Dios, creer茅 sinceramente en la fe de la Iglesia.
En seguida el padre santo dio su aprobaci贸n. Llegado el d铆a establecido para el desaf铆o, la gente acudi贸 desde todas partes y llen贸 la plaza. Antonio se detuvo en una capilla que hab铆a all铆 cerca para con gran devoci贸n celebrar el ritual de la Misa. Una vez acabado sali贸 hacia el pueblo que estaba esperando, llevando con gran reverencia el cuerpo del Se帽or. La mula hambrienta fue llevada fuera del establo y se le mostraron alimentos apetitosos.
Finalmente, imponiendo el silencio, el hombre de Dios con mucha fe orden贸 al animal:
- En virtud y en nombre del Creador, que yo, por indigno que sea, tengo de verdad entre mis manos, te digo oh animal, y te ordeno que te acerques r谩pidamente con humildad y le presentes la debida veneraci贸n, para que los malvados herejes comprendan de este gesto claramente que todas las criaturas est谩n sujetas a su Creador, tenido entre las manos por la dignidad sacerdotal en el altar.
El siervo de Dios ni siquiera hab铆a acabado estas palabras, cuando el animal, dejando a un lado el forraje, inclin谩ndose y bajando la cabeza, se acerc贸 arrodill谩ndose delante del sacramento del cuerpo de Cristo.
Milagro del reci茅n nacido
Una mujer en Ferrara fue salvada de una terrible sospecha. El Santo reconcili贸 a la consorte con el marido, un personaje ilustre, una persona importante de la ciudad. Hizo un verdadero milagro, al hacer hablar a un reci茅n nacido, que ten铆a pocos d铆as de vida, y que contest贸 a la pregunta que le hab铆a hecho el hombre de Dios. Aquel hombre estaba tan furioso a causa de los infundados celos hacia su mujer, que ni siquiera quiso tocar al ni帽o que acababa de nacer algunos d铆as antes, convencido de que era fruto de un adulterio de la mujer. San Antonio cogi贸 el reci茅n nacido en brazos y le habl贸:
- 聽聽聽Te suplico en nombre de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nacido de Mar铆a Virgen, que me digas en voz clara, para que todos puedan o铆rlo, qui茅n es tu padre.
Y el ni帽o, sin balbucear como hacen los ni帽os peque帽os, sino con una voz clara y comprensible como si fuera un chiquillo de diez a帽os, fijando los ojos en su padre, ya que no pod铆a mover las manos, ligadas al cuerpo con las fajas, dijo:
- 聽聽聽隆脡ste es mi padre!.
Se gir贸 hacia el hombre, y el Santo a帽adi贸:
- 聽聽聽Toma a tu hijo y ama a tu mujer, que est谩 atemorizada y se merece toda tu admiraci贸n.
Milagro de la mula
En la regi贸n de Toulouse San Antonio, en una disputa p煤blica contra un hereje prepotente que negaba la presencia real de Cristo en la Eucarist铆a, cuando casi lo hab铆a convencido y acercado a la fe cat贸lica, el hereje, no convencido dijo:
- 聽聽聽Dej茅monos de charlas y pasemos a los hechos. Si t煤, Antonio, consigues probar con un milagro que en la Comuni贸n de los creyentes, est谩 el verdadero cuerpo de Cristo, yo abjurar茅 de toda herej铆a, y me someter茅 a la fe cat贸lica.
El siervo del Se帽or con gran fe le respondi贸:
- 聽聽聽Conf铆o en mi salvador Jesucristo que, para tu conversi贸n y la de los dem谩s, me conceder谩 su misericordia por lo que pides.
Se levant贸 entonces el hereje e, invitando con la mano a que todos callasen, habl贸:
- 聽聽聽Tendr茅 encerrada a mi ac茅mila durante tres d铆as y le har茅 padecer hambre. Pasados los tres d铆as, la sacar茅 en medio de la gente, y le mostrar茅 el forraje. T煤 mientras tanto te pondr谩s delante con lo que afirmas que es el cuerpo de Cristo. Si el animal hambriento, no va hacia el forraje, y corre para adorar a su Dios, creer茅 sinceramente en la fe de la Iglesia.
En seguida el padre santo dio su aprobaci贸n. Llegado el d铆a establecido para el desaf铆o, la gente acudi贸 desde todas partes y llen贸 la plaza. Antonio se detuvo en una capilla que hab铆a all铆 cerca para con gran devoci贸n celebrar el ritual de la Misa. Una vez acabado sali贸 hacia el pueblo que estaba esperando, llevando con gran reverencia el cuerpo del Se帽or. La mula hambrienta fue llevada fuera del establo y se le mostraron alimentos apetitosos.
Finalmente, imponiendo el silencio, el hombre de Dios con mucha fe orden贸 al animal:
- 聽聽聽En virtud y en nombre del Creador, que yo, por indigno que sea, tengo de verdad entre mis manos, te digo oh animal, y te ordeno que te acerques r谩pidamente con humildad y le presentes la debida veneraci贸n, para que los malvados herejes comprendan de este gesto claramente que todas las criaturas est谩n sujetas a su Creador, tenido entre las manos por la dignidad sacerdotal en el altar.
El siervo de Dios ni siquiera hab铆a acabado estas palabras, cuando el animal, dejando a un lado el forraje, inclin谩ndose y bajando la cabeza, se acerc贸 arrodill谩ndose delante del sacramento del cuerpo de Cristo.
Los peces del mar...
En una ocasi贸n, cuando un grupo de personas imped铆an al pueblo acudir a sus sermones, San Antonio se fue a la orilla del mar y empez贸 a gritar:
- 聽聽聽Oigan la palabra de Dios, ustedes los peces del mar, ya que los pecadores de la tierra no la quieren escuchar...!
Mientras hablaba y enumeraba los dones concedidos por Dios, los peces empezaron a unirse y a acercarse a 茅l, elevando sobre la superficie del agua la parte superior de sus cuerpos. Este milagro se conoci贸 y conmovi贸 a la ciudad, por lo que las personas que estaban en su contra tuvieron que ceder.....



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